En realidad la burgues�a no conoce m�s que un m�todo para resolver a su manera la cuesti�n de la vivienda, es decir, para resolverla de tal suerte que la soluci�n cree siempre de nuevo el problema. Este m�todo se llama Haussmann.
Entiendo aqu� por Haussmann, no solamente la manera espec�fica bonapartista del Haussmann parisino de trazar calles anchas, largas y rectas a trav�s de los barrios obreros construidos estrechamente, y bordearlas a cada lado con edificios lujosos; su finalidad, aparte la de car�cter estrat�gico tendente a hacer m�s dif�cil la lucha de barricadas, era formar un proletariado de la construcci�n espec�ficamente bonapartista y dependiente del Gobierno, y asimismo transformar Par�s en una ciudad de lujo. Entiendo por Haussmann la pr�ctica generalizada de abrir brechas en barrios obreros, particularmente los situados en el centro de nuestras grandes ciudades, ya responda esto a una atenci�n de salud p�blica o de embellecimiento o bien a una demanda de grandes locales de negocios en el centro, o bien a unas necesidades de comunicaciones, como ferrocarriles, calles, etc. El resultado es en todas partes el mismo, cualquiera que sea el motivo invocado: las callejuelas y los callejones sin salida m�s escandalosos desaparecen y la burgues�a se glorifica con un resultado tan grandioso; pero.... callejuelas y callejones sin salida reaparecen prontamente en otra parte, y muy a menudo en lugares muy pr�ximos.
En "La situaci�n de la clase obrera en Inglaterra" he hecho una descripci�n del Manchester de 1843 y 1844. Posteriormente, las l�neas de ferrocarril que pasan a trav�s de la ciudad, la construcci�n de nuevas calles y la erecci�n de grandes edificios p�blicos y privados han hecho que algunos de los peores barrios que mencionaba hayan sido cruzados, aireados y mejorados; otros fueron enteramente derribados; pero todav�a hay muchos que se encuentran en el mismo estado de decrepitud, si no peor que antes, a pesar de la vigilancia de la inspecci�n sanitaria, que se ha hecho m�s estricta. Por otra parte, como resultado de la enorme extensi�n de la ciudad, cuya poblaci�n ha aumentado en m�s de la mitad, barrios que entonces eran todav�a aireados y limpios, est�n hoy tan sucios, tan obstruidos y superpoblados como lo estaban en otro tiempo las partes de peor fama de la ciudad. He aqu� un ejemplo: en las p�ginas 80 y siguientes de mi libro he descrito un grupo de casas situado en la parte baja del valle del r�o Medlock, llamado Little Ireland (Peque�a Irlanda), que durante a�os hab�a sido la verg�enza de Manchester. Little Ireland ha desaparecido hace mucho tiempo. En su lugar, elevada sobre altos cimientos, hay actualmente una estaci�n de ferrocarril. La burgues�a se vanagloriaba de la feliz y definitiva desaparici�n de Little Ireland como de un gran triunfo. Pero he aqu� que el verano �ltimo se produjo una formidable inundaci�n como suelen ocasionar a�o tras a�o, y por razones f�cilmente explicables, los r�os canalizados que cruzan nuestras grandes ciudades. Y entonces se descubri� que Little Ireland no hab�a desaparecido en absoluto sino que, simplemente, se hab�a trasladado de la parte sur de Oxford Road a la parte norte, donde segu�a prosperando. Escuchemos lo que dice el "Weekly Times" de Manchester, del 20 de julio de 1872, �rgano de la burgues�a radical de la ciudad:
«Cabe esperar que la desgracia que ha ca�do sobre la poblaci�n del valle bajo del r�o Medlock el s�bado �ltimo tenga una consecuencia feliz: atraer la atenci�n p�blica sobre el escarnio evidente de todas las leyes de la higiene, que hace tanto tiempo se ha tolerado ante las narices de los funcionarios municipales y del comit� sanitario de la municipalidad. En un tajante art�culo de nuestra edici�n diurna de ayer se revel�, aunque apenas con la debida energ�a, la situaci�n ignominiosa de algunos de los s�tanos-vivienda, inundados por las aguas en las calles Charles y Brook. Una encuesta nuinuciosa, hecha en uno de los patios citados en dicho art�culo, nos autoriza a confirmar cuanto en �l se relat� y a declarar que hace mucho tiempo que estos s�tanos-vivienda deber�an haber sido cerrados. Mejor dicho, no se hubiera debido tolerarlos jam�s como habitaciones humanas. Squire's Court est� formado por siete u ocho casas de habitaci�n situadas en el �ngulo de las calles Charles y Brook. El viandante, incluso en el lugar m�s bajo de la calle Brook, bajo el puente del ferrocarril, puede pasar por all� un d�a tras otro sin sospechar que all�, bajo sus pies en unas cuevas, viven seres humanos. El patio escapa a la mirada del p�blico y no es accesible sino a aquellos a quienes la miseria obliga a buscar un refugio en su aislamiento supulcral. Incluso cuando las aguas del Medlock, habitualmente estancadas entre los diques, no pasan de su nivel habitual, el piso de estas viviendas no sobrepasa el nivel del r�o m�s que algunas pulgadas. Cualquier chaparr�n puede obligar a estas aguas horriblemente p�tridas a remontar desag�es y canalizaciones emanando en las viviendas gases pestilentes, recuerdo que deja tras s� toda inundaci�n... Squire's Court se encuentra a un nivel a�n m�s bajo que los s�tanos no habitados de las casas de la calle Brook... a viente pies por debajo de la calle, y el agua pestilente que subi� el s�bado por los desag�es y las canalizaciones ha llegado hasta los techos. Lo sab�amos y esper�bamos, pues, encontrar el patio deshabitado o bien ocupado solamente por los empleados del comit� sanitario para limpiar y desinfectar las paredes malolientes. En vez de esto, en el s�tano-vivienda de un barbero vimos a un hombre ocupado en... cargar en una carretilla un mont�n de basura putrefacta que se hallaba en un rinc�n. El barbero, cuyo s�tano estaba ya m�s o menos limpio, nos envi� m�s abajo todav�a, a una serie de viviendas, de las cuales nos dijo que si supiera escribir escribir�a a los peri�dicos para exigir su clausura. Llegamos as�, finalmente, a Squire's Court, donde encontramos una bella irlandesa de aspecto lozano, lavando ropa. Ella y su marido, un guarda nocturno, hab�an vivido en el patio durante seis a�os y ten�an una familia numerosa... En la casa que acababan de dejar, las aguas hab�an subido hasta el tejado, las ventanas estaban rotas y los muebles no eran m�s que un mont�n de ruinas. Seg�n nos dijo el hombre, el inquilino no hab�a podido hacer su casa soportable, en lo que se refer�a al hedor, m�s que blanque�ndola con cal cada dos meses... En el patio interior, a donde nuestro redactor lleg� entonces, encontr� tres casas cuyo muro posterior tocaba a la casa descrita anteriormente. Dos de ellas estaban habitadas. El hedor era tan grande que el hombre m�s resistente no pod�a sustraerse a las n�useas al cabo de algunos minutos... Este agujero repelente estaba habitado por una familia de siete personas, que el jueves por la noche (el d�a de la primera inundaci�n) hab�an dormido en la casa. O m�s exactamente, como rectific� la mujer, no durmieron, pues ella y su marido no hab�an cesado de vomitar durante una gran parte de la noche a consecuencia del mal olor. El s�bado, cuando ya les llegaba el agua hasta el pecho, hubieron de llevar sus ni�os al exterior. La mujer ten�a igualmente la opini�n de que en aquel lugar no pod�an vivir ni los cerdos, pero que dada la baratura del alquiler �un chel�n y medio a la semana� lo hab�an alquilado, sobre todo porque en los �ltimos tiempos su marido, enfermo, no pod�a trabajar. La impresi�n que producen este patio y sus habitantes, enterrados como si estuviesen en una tumba prematura, es de una extrema desesperanza. Por lo dem�s debemos decir que, seg�n nuestras observaciones, Squire's Court no es m�s que un caso t�pico �tal vez extremo� de lo que ocurre en toda una serie de localidades de esta regi�n, y cuya existencia no podr�a justificar nuestro comit� sanitario. Y si se tolera que estos locales sigan habitados, el comit� asume una gran responsabilidad, y el vecindario quedar� expuesto al peligro de epidemia, sobre cuya gravedad consideramos in�til insistir».
He aqu� un ejemplo elocuente de la manera c�mo la burgues�a resuelve en la pr�ctica la cuesti�n de la vivienda. Todos estos focos de epidemia, esos agujeros y s�tanos inmundos, en los cuales el modo de producci�n capitalista encierra a nuestros obreros noche tras noche, no son liquidados, sino solamente... desplazados. La misma necesidad econ�mica que los hab�a hecho nacer en un lugar los reproduce m�s all�; y mientras exista el modo de producci�n capitalista, ser� absurdo querer resolver aisladamente la cuesti�n de la vivienda o cualquier otra cuesti�n social que afecte la suerte del obrero. La soluci�n reside �nicamente en la abolici�n del modo de producci�n capitalista, en la apropiaci�n por la clase obrera misma de todos los medios de subsistencia y de trabajo.